La enfermedad renal crónica afecta a las habilidades motoras y es necesaria la práctica de actividad para poder mejorar la calidad de vida del paciente.

La enfermedad renal crónica (ERC) reduce la capacidad física de los adultos que la padecen y, en consecuencia, afecta a la realización de actividades en la vida laboral y cotidiana. Por ello, la actividad física y el estilo de vida son cruciales en sus tratamientos y terapias. En este contexto, los servicios de Nefrología y el de Medicina Física y Rehabilitación del Consorcio Hospital General Universitario, de Valencia, han organizado un programa de ejercicio físico en pacientes en hemodiálisis para mejorar su independencia y calidad de vida, siguiendo el ejemplo de iniciativas exitosas en Europa y América. La finalidad principal del programa, que se enmarca en las actividades que desarrolla la Escuela del Paciente Renal del General, es prevenir caídas, mejorar la forma física y su capacidad funcional, reducir los cuidados, además de proporcionarles un mayor control sobre los factores de riesgo cardiovascular y mejorar su estado psicológico.

Según ha explicado a Diario Médico Tono Galán, jefe del servicio de Nefrología del General, el programa tiene una duración de seis meses y los pacientes son seleccionados de acuerdo a unos criterios establecidos por ambos servicios. “Se excluye a pacientes cardiópatas y diabéticos mal controlados, aquellos con alteraciones musculoesqueléticas que les impiden realizar ejercicio, pacientes psiquiátricos y los no cumplidores”, explica.

Los pacientes sin criterios de exclusión, tras ser informados y aceptar entrar en el programa, son valorados por el servicio de Medicina Física y Rehabilitación para adaptar el ejercicio a cada paciente de forma personalizada. El proyecto se estructura en dos niveles: por un lado, la práctica de un entrenamiento físico durante la sesión de diálisis, dirigido y supervisado por los facultativos de Nefrología y Rehabilitación y el personal de enfermería de la sala de diálisis; por otro, se forma a los pacientes en la realización de una tabla de ejercicios que deberán hacer a diario en su casa.

Dos niveles
Respecto al primer nivel, Jorge Juste, médico del Servicio de Rehabilitación, ha explicado que “el ejercicio coincide con las sesiones de hemodiálisis y es supervisado por el personal de enfermería, previamente instruido, que controla la frecuencia cardiaca y la tensión arterial pre y postejercicio. Se realiza con una frecuencia de tres días por semana y consiste en una fase de calentamiento, 5-10 minutos con pedalier, y otra de ejercicio aeróbico de 20-30 minutos, seguidos de un periodo de enfriamiento”.

Esta fase tiene una duración de entre 12-24 semanas, con el objetivo, según Juste, de “mejorar la independencia del paciente y su calidad de vida, mediante la prevención de caídas, reducción de cuidados, elevar las ABVD (actividades básicas de la vida diaria), de la forma física y de su capacidad funcional; además de un mayor control sobre los factores de riesgo cardiovascular y una mejora a nivel psicológico”.

En relación a los ejercicios domiciliarios, Juste explica que se reservan los de resistencia, siempre pautados y enseñados por el rehabilitador de forma individualizada. “Se trabaja la fuerza de los miembros superiores mediante therabands, tonificando bíceps, tríceps, deltoides, pectorales y dorsales”. En este caso, se empieza por una serie de 10-15 repeticiones, progresando si es posible tanto en resistencia como en número de series, con un máximo de 3. Además, se anima al paciente a complementar el programa con actividades aeróbicas -andar, nadar o bicicleta- adaptadas a sus posibilidades.

Además, el ejercicio regular fortalece los músculos y articulaciones y mejora la flexibilidad y equilibrio; “se facilita la realización de actividades diarias, afrontándolas con mejor humor, y reduce el riesgo de caídas. Se consigue más energía, lo que se traduce en menos ansiedad y depresión, se recupera autoestima y control sobre la vida”.

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