Una hipertensión disparada y la visión borrosa dieron la señal de alarma del problema del hijo | El padre se hizo pruebas de inmediato; también se ofrecieron como donantes varios tíos y una prima

Es probablemente uno de los expertos en trasplante renal con más experiencia en España. Es sin duda el principal responsable de que la donación en vivo crezca año a año y sea la mejor solución para los pacientes más jóvenes que necesitan un nuevo riñón. Ha reunido en muchas ocasiones a lo más granado del trasplante renal del mundo en Barcelona. Sabe como nadie explicar a madres-padres, hermanos, hijos, parejas y otros parientes qué supone esa donación en vivo, sin ocultarles ningún detalle.

Así que estaba avisado
Y cuando su hijo de 29 años, también Fede Oppenheimer, como su padre, debutó en agosto con una insuficiencia renal gravísima que había dañado su corazón y hasta la visión, se hizo de inmediato las pruebas para ser su donante vivo. “Cuando mi padre me lo dijo, estaba muy concienciado de que tenía que pasar por un trasplante, pero me quedé en estado de shock. Luego reposas la idea. Por un lado es muy bonito, pero también una enorme responsabilidad: va a entrar en quirófano voluntariamente. Cuesta que alguien te dé algo así. Hubiera preferido al revés. Y no paró ahí la cosa. Se presentaron voluntarios varios de mis tíos y hasta una prima de 24 años. Es una carga emocional que te afecta mucho al principio. Luego, sí, te gusta. Lo tengo aquí delante (se señala el lado derecho del abdomen) ¡Y no se nota! Voy como si no llevara nada. Dolor y cicatrices, sí, claro. Y un montón de pastillas”.
Este trasplante Fede-Fede es uno de los sesenta realizados este año en el Clínic, el hospital que más intervenciones de este tipo con donante vivo hace. Suman el 40% del programa de trasplante renal. La opción del donante vivo es la mejor para pacientes jóvenes, porque hay, por suerte, muchas menos personas jóvenes muertas en accidentes, y los enfermos renales jóvenes tienen muy difícil conseguir un órganos de un cadáver que les sirva. Y es muy importante que el trasplante sea cuanto antes para evitar el deterioro y las limitaciones en su vida que supone la diálisis. Pero la mitad de los órganos de cadáver provienen de personas mayores de 60 años y el 30% tienen más de 70 años. Son riñones adecuados para pacientes con más de 60 años, pero no con 30.

Debut en verano
“Tenía una hipertensión elevadísima, a punto de fracaso cardiaco y de que los pulmones se encharcaran, y ya afectando a los ojos”, describe el veterano doctor Federico Oppenheimer. “Me encontraba fatal, con un fuerte dolor de cabeza, no podía respirar al tumbarme, no tenía apetito, vomitaba, estaba muy cansado y veía borroso”, describe el joven abogado Federico Oppenheimer. “Una insuficiencia renal de libro, pero que no había dado ninguna señal hasta entonces. Totalmente silente”, lamenta el nefrólogo. Porque el riñón de su hijo, “el único, porque nací con uno solo”, ya no servía. Era irreversible.

Necesitó diálisis, el filtrado de su sangre, a los dos días del debut. Lo primero era bajar la tensión, que le estaba haciendo polvo el corazón. Luego, la creatinina y lo demás.

“Hasta dos meses antes estuve nadando cinco días a la semana”.

“Pero nos equivocamos, sinceramente creí que cuando decía que no le entraba el aire era un problema de ansiedad”.

“Yo sabía que no, aunque estaba hecho un lío entre hacer un máster o irme a Inglaterra; había terminado las prácticas y estaba sin nada. Pero creía que era una bronquitis, por el aire acondicionado”.

“Nos equivocamos, pero la visión borrosa fue definitiva”.

“La creatinina estaba por las nubes. Si lo normal es 1,2, yo estaba a 18. En urgencias intenté quitarle hierro, pero veía al personal nervioso, la gente muy seria, pasaba algo gordo, ¡y la cara de mi padre! Cuando me bajaron la presión fue una sensación horrible, como si me estuviera apagando, creo que es lo más parecido que puedo imaginar a la muerte”.

Listo para ser buen donante
Fede padre se hizo inmediatamente las pruebas. Sabía que sería un buen candidato a donante porque está sano, hace deporte: “Corro cada día desde que pedí una hipoteca”. “Por el seguro”, aclara.

La respuesta en la familia fue de alegrón. Es difícil opinar del asunto ante el tipo que más sabe sobre el tema en muchos kilómetros a la redonda. “Nunca juzgamos al que quiere donar ni al que no. Para asegurarnos que no hay cosas no dichas, cada candidato-donante tiene una conversación absolutamente confidencial con el responsable del trasplante. Hay que detectar si la oferta del riñón se hizo con convencimiento, si hay dudas. Y hay que ayudarles a salir de la situación sin angustias ni problemas con su familiar”, explica el donante como experto en trasplante renal del Clínic.

La selección es dura
De cada cien parejas renales (receptor-donante), entre 30 y 40 quedan descartadas por problemas que no se sabían antes de la exploración: aparece un cáncer, una diabetes o se detecta que no hay unos riñones tan potentes como para quedarse con uno solo.

La preparación de ambos
El tiempo de reparación de su organismo, todo el trabajo de cardiólogos y nefrólogos (otros, no su padre) sobre el dañado cuerpo de Fede hijo duraría unos meses. Uno no aguanta un trasplante y lo que viene después con el corazón al borde del fracaso. ¿Diciembre?, les propusieron. “Era una buena fecha, porque octubre, y sobre todo noviembre, es una época terrible en el hospital y en diciembre podría aprovechar las vacaciones para recuperarme y no pedir la baja. No, no la cogí. A las dos semanas pasaba consulta. Pero además me sirvió para ponerme más en forma. Cuanto mejor estuviera yo, mejor el riñón, mejor la operación”.

A mediados de diciembre, el corazón estaba bastante reparado y Fede receptor podía aguantar un trasplante. A su padre le sacaron el riñón para su hijo con un solana, la técnica de extracción por el ombligo que el responsable de la cirugía renal del Clínic, Antonio Alcaraz, practicó al político Javier Solana cuando un año antes donó uno de sus riñones a alguien muy querido.

“Mis compañeros y directivos tuvieron una reacción muy muy cariñosa conmigo”, recuerda el doctor Federico Oppenheimer. “¿Se lo había dicho? Me gustaría que lo contara”.

El probablemente mayor experto en la materia de muchos kilómetros a la redonda se piensa unos minutos la respuesta a la pregunta de si descubrió cosas que no sabía sobre su tema preferido en los últimos 20 años. “Me reafirmó en que lo que hacemos está bien”. Unos días después añadió otro aprendizaje: “La diálisis funciona magníficamente. Cómo ha cambiado. Tenemos muy buenos equipos”.

Vida nueva
La operación de Fede hijo fue menos sencilla, “pero creo que me ayudó mucho mi buen estado físico previo a todo esto”. Un mes después sonríe sin que se note mucho en su aspecto el tajo en la barriga, las cicatrices externas e internas, las veintipico pastillas que toma ahora… “Me han sacado el catéter tunelizado”, dice contento. Se refiere al dispositivo que llevaba desde verano en la yugular para conectarle a la diálisis que le mantuvo con vida hasta el trasplante.

“Cuando esté normalizado, tomaré sólo 5 o 6 pastillas de dos o tres tipos. Tengo que ser muy ordenado. Eso me parece que es de los consejos más importantes y a la vez difícil de cumplir con el tiempo. También me han explicado que a la larga puedo tener efectos secundarios. Me preocupa el cáncer de piel, porque hay más frecuencia entre trasplantados, de aquí a 15 o 20 años”.

“También sé que estaré atado al hospital toda la vida, antes de esto creo que había ido un par de veces. Y este año, al menos, no me planteo lo de Inglaterra, me quedo a seguir estudiando y buscar trabajo. Tengo que ver cómo está el corazón, por si puedo hacer pronto algo de deporte. Eché mucho de menos no poder tomar embutido ni chocolate, pero lo peor ha sido no poder ducharme a gusto con este catéter. Ahora ya podré…”.

Paseos
Su vida nueva está llena, de momento y durante los próximos meses, de más películas, más fútbol visto, más lectura. “Y más paseos contigo”, le dice al padre-donante. Fede padre reconoce que son los mejores ratos. Muchos paseos juntos. Mucho Born. Mucho hablar.

Y mucha más complicidad.

fuente: lavanguardia.com