El personal sanitario es esencial para “conseguir, mantener y acelerar” el progreso hacía una cobertura sanitaria universal, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) que alerta de que actualmente existe un déficit en el mundo de 7,2 millones de profesionales para cubrir las necesidades de salud, un dato de por si alarmante que espera aumente, según sus estimaciones, a los 12,9 millones en 2035.

Esta es la principal conclusión del informe “Una verdad universal: hay salud sin una fuerza de trabajo”, que hecho público en el marco del Tercer Foro Mundial sobre Recursos Humanos para la Salud que se desarrolla en Recife (Brasil), y en el que se señalan varias causas clave que han provocado la escasez de profesionales y cómo revertir este dato.

Respecto a qué lo provoca, entre otros motivos, destaca el envejecimiento del personal y la falta de población activa que cubra esos puestos, así como un aumento en la demanda a la par que crece en la población el riesgo a padecer enfermedades no transmisibles (por ejemplo, cáncer, enfermedades del corazón, derrames cerebrales, etc), que originan que el dato aumente considerablemente.

En cuanto a qué se puede hacer para evitarlo, recomienda un mayor liderazgo político y técnico en los países para apoyar los esfuerzos de desarrollo de recursos humanos a largo plazo; maximizar el rol del trabajador sanitarios; realizar políticas de retención del personal sanitario en los países en que los déficits son más agudos y tratar de buscar un mayor equilibrio de la distribución geográfica del personal de salud.

“Las bases de una fuerza laboral de salud fuerte y efectiva para el futuro están siendo corroídas delante de nuestros propios ojos, al no coincidir con la oferta actual de profesionales con las demandas de las poblaciones de mañana”, afirmó la directora asistente general de Sistemas de Salud e Innovación, la doctora Marie-Paule Kieny, quien apuesta por “repensar y mejorar” la forma en que se “enseña, entrena, implementa y paga a los trabajadores de salud”.

No obstante, el informe destaca algunos avances alentadores, por ejemplo, han aumentado los países que están por encima del umbral básico de 23 profesionales de la salud calificados por 10.000 personas, aunque todavía hay 83 países por debajo de este umbral básico.

“La mayoría de los países que disponen de datos han experimentado un aumento en el número y la densidad de matronas, enfermeras y médicos. No obstante, en algunos países este aumento no es proporcional al aumento de la población. Por tanto, el proceso de la cobertura sanitaria universal de expandir la cobertura para asistir a una proporción más grande de la población requiere prestar más atención a la dinámica demográfica e incorporarla en la planificación y previsión de los recursos humanos para la salud”, advierte el informe.

La mayor escasez en términos numéricos se espera en zonas localizadas Asia y África subsahariana, “donde la escasez será especialmente aguda”. Como ejemplo, destaca que en los 47 países de África subsahariana, en el total sólo existen 168 escuelas de medicina; de esos países, 11 no tienen ninguna medicina, y 24 países tienen sólo una escuela de medicina.

Durante la presentación del informe, la directora Regional de la OMS para las Américas, la doctora Carissa Etienne, ha recordado que “uno de los retos para lograr la cobertura universal de salud es asegurar que todos, especialmente a las personas en las comunidades vulnerables y en zonas remotas, tengan acceso a personal formado, culturalmente sensible y competente”.

Aumentar las políticas de reconocimiento

La organización de la salud insta a todos los países a prestar atención a las señales de escasez. Por ejemplo, en los países desarrollados, el 40 por ciento de las enfermeras podría dejar de ejercer en la próxima década ya que “los salarios son relativamente bajos, y la realidad es que muchos trabajadores de la salud jóvenes reciben muy pocos incentivos para permanecer en la profesión”.

De cara a futuro, destaca que es importante reconocer la vital importancia del personal sanitario a la hora de transformar la visión de una cobertura sanitaria universal en una asistencia sanitaria optimizada sobre el terreno; y evaluar la brecha entre la necesidad de personal sanitario, sus efectivos reales (tanto a nivel del número de profesionales como de su combinación de habilidades y competencias) y la demanda de servicios sanitarios de la población.

Por otra parte, propone formular objetivos políticos en materia de recursos humanos para la salud que engloben la visión de los sistemas y servicios sanitarios; y crear la base de pruebas, la inteligencia estratégica y los datos necesarios para poner en práctica y vigilar los objetivos políticos y mantener una gestión eficaz.

Asimismo, desarrollar y mantener la capacidad técnica para diseñar y poner en marcha las políticas, así como abogar por ellas; conseguir el apoyo de los niveles más altos del gobierno, con el fin de asegurar la continuidad de la lucha por la cobertura sanitaria universal; reformar la gestión y el entorno institucional de los recursos humanos para la salud; y evaluar el coste de los distintos escenarios de las reformas relacionadas con el personal sanitario.

Y, finalmente, animar a sus asociados internacionales a que centren su apoyo e informen sobre la ayuda oficial al desarrollo de la que disponen para desarrollar la capacidad de sus sistemas sanitarios; y a los asociados internacionales a abordar las cuestiones que van más allá de sus fronteras y reforzar la gestión, las plataformas de colaboración y los mecanismos de los recursos humanos para la salud a nivel mundial.