Una mujer israelí donó hace unos meses uno de sus riñones a su marido, que presentaba una insuficiencia renal incurable que le hacía tener que someterse a sesiones de diálisis varios días por semana. La donación de riñones entre vivos y aún más entre parejas, es algo muy habitual en la actualidad. Pero el caso israelí se verá publicado pronto en una revista científica porque se trata del primero en el mundo en el que donante y receptor comparten mucho más que una vida en común. Ambos son portadores del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y ambos tienen la infección controlada gracias a un cóctel de varios fármacos antirretrovirales. No es la primera vez que un seropositivo recibe un órgano de otra persona con la misma infección pero, hasta ahora, sólo había pasado con donantes cadáveres. De hecho, esta última práctica sólo se lleva a cabo en Suráfrica, país donde la tasa de seropositivos asciende al 25%.

Cuando en 2008 se dieron a conocer los primeros casos, el director de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), Rafael Matesanz, declaraba a ELMUNDO.es que se trataba de una alternativa “muy discutible” desde el punto de vista médico. Cinco años después, Matesanz mantiene la misma posición, aunque reconoce que los sudafricanos “han aumentado la experiencia en estos años y la terapia antiVIH ha mejorado mucho”.

Sin embargo, el experto cree que hay varias diferencias entre los trasplantes que se llevan a cabo en el país africano y el anunciado recientemente por el Tel Aviv Sourasky Medical Center, centro donde se ha llevado a cabo el primero entre seropositivos vivos. “Este caso parece muy peculiar, ya que cabe pensar que al ser pareja la donante y el receptor, si el contagio se produjo por vía sexual, el virus sería del mismo tipo, lo cual reduce los riesgos de que se reactive la enfermedad”, comenta Matesanz. “Por otra parte, la ventaja de la donación de vivo es que se puede estudiar y planificar con toda tranquilidad y profundidad a diferencia de lo que ocurre con la de cadáver”, añade.

Según explicó el hospital israelí a los medios de comunicación del país, más allá de la técnica, lo más complejo de este trasplante fue controlar la medicación, ya que hubo que cambiar los antirretrovirales que tomaban donante y receptor para que interactuaran mejor con los fármacos inmunosupresores que ha de tomar cualquier receptor de trasplante de por vida para evitar rechazos.

Aunque la operación ha sido un éxito y la pareja ha vuelto a su vida normal, Matesanz no cree “que ningún país europeo vaya a cambiar su política sobre este tema. Desde luego, en España no creo que tenga ningún sentido plantearlo”, concluye.