Una nueva evaluación de la enfermedad renal puede ayudar a implantar terapias más temprano, según un estudio JAMA presentado en el congreso de la Asociación Renal Europea de Diálisis y Trasplantes.

En el campo de la enfermedad renal crónica (ERC) se cuenta con test para identificar a los enfermos en etapas tempranas, pero se realizan menos ensayos clínicos de esta patología que de otras enfermedades. Una razón importante puede ser la progresión establecida de la ERC requiere un seguimiento largo y una muestra grande, lo que limita la realización de ensayos clínicos asociados con la nefrología.

La mejora de la metodología empleada para medir el índice de filtración glomerular (IFG) permitiría utilizar disminuciones menores de IFG para valorar la progresión de ERC.
El equipo de investigadores examinó la relación entre la caída en la estimación de IFG con su riesgo posterior de enfermedad renal en etapa terminal. La muestra para el estudio contó con 1,7 millones de individuos con 12.344 casos de enfermedad renal en etapa terminal y 223.944 que murieron tras varias mediciones de la función renal, en un periodo aproximado de 1 a 3 años. La recogida de datos se hizo entre 1975 y 2011.

Los científicos determinaron que la caída en la estimación de IFG, más pequeña que la duplicación de la concentración de creatinina sérica, era más consistente y se asociaba con un mayor riesgo de progresión de la enfermedad renal a etapa terminal. En un periodo de entre 1 y 3 años, una duplicación de la concentración de creatinina sérica estuvo presente en menos de un uno por ciento de los sujetos. Por otro lado, una disminución del 30 por ciento en la estimación de IFG, que fue 10 veces más frecuente y se relacionó con un aumento 5 veces mayor de riesgo de enfermedad renal en etapa terminal.

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