Unas 6.000 personas con insuficiencia renal necesitan cada año un tratamiento sustitutivo renal | ALCER Unas 6.000 personas con insuficiencia renal necesitan cada año un tratamiento sustitutivo renal | ALCER

Unas 6.000 personas con insuficiencia renal necesitan cada año un tratamiento sustitutivo renal como hemodiálisis, diálisis peritoneal o trasplante renal, según ha avisado la presidenta de la Sociedad Española de Nefrología (SEN), Mª Dolores Del Pino, durante la ‘I Jornada SEN-SEDISA’.

Allí, la experta ha recordado que la prevalencia de la enfermedad renal crónica (ERC) aumenta de forma progresiva con el envejecimiento (el 22% en mayores de 64 años, el 40% en mayores de 80 años) y con otras enfermedades como la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial y la arterioesclerosis. De hecho, la ERC supone un coste social y económico “muy elevado” que requiere criterios coordinados entre los profesionales sanitarios que garanticen los mejores niveles de calidad en la prevención, diagnóstico y tratamiento.

Junto a la cronicidad y el aumento del número de pacientes con enfermedades renales, la innovación clínica y tecnológica producida en los últimos años, hace que, cada vez más, los nefrólogos deban enfrentarse a desempeñar funciones de gestión en su labor diaria. Asimismo, la experta ha recalcado que esta situación conlleva que directivos de la salud y profesionales sanitarios clínicos deban establecer puntos de encuentro, dado que el único camino para una asistencia sanitaria de calidad, que no repercuta de forma negativa en la sostenibilidad, es trabajar juntos.

“Es fundamental que clínicos y directivos colaboremos, aunemos objetivos y estrategias y compartamos resultados y evaluación. En el caso de la Nefrología este aspecto es clave, teniendo en cuenta el gran porcentaje de pacientes crónicos, el alto nivel de recursos y presupuesto que se maneja y la aportación de la innovación terapéutica y tecnológica de estos últimos años”, ha explicado el presidente de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (SEDISA), Joaquín Estévez Lucas.

Precisamente, estos factores, junto al hecho de abarcar procesos asistenciales muy diferenciados y que se desarrollan en espacios múltiples, desde los trasplantes en los grandes hospitales, a la hemodiálisis en hospital, centros periféricos o el domicilio del paciente, hacen que las Unidades de Gestión Clínica de Nefrología sean un buen ejemplo para hablar de gestión clínica.

Así lo ha explicado el director gerente del Complejo Hospitalario Universitario de Granada, Manuel Bayona, quien ha destacado la importancia del trabajo en equipo, la multidisciplinaridad, la reorganización de recursos según necesidades de los pacientes y cubrir las expectativas de éstos de manera que sean compatibles al máximo los tratamientos con la conciliación de la vida personal de los pacientes.

“Sin duda, la gestión clínica en Nefrología juega un papel primordial para la sostenibilidad de la prestación nefrológica, especialmente en lo que concierne al alto coste de los fármacos de nuestra especialidad y al alto coste del tratamiento renal sustitutivo y, por supuesto, enfocando la asistencia hacia la mayor calidad posible, en un modelo organizativo en la que la implicación y participación de todo el equipo es primordial”, ha argumentado la doctora Del Pino.

El papel de las Unidades de Gestión Clínica en Nefrología, los nuevos estándares de calidad, la aportación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), la innovación, los modelos basados en resultados y la seguridad de los pacientes serán, entre otros, algunos de los temas que se están analizando en el encuentro.

“La transformación del sistema implica necesariamente la integración de subsistemas asistenciales y sociales a favor del paciente, alinear la intervención de los profesionales a favor de una buena práctica clínica centrada en el paciente, y aceptar la necesidad de un cambio en la gestión de los sistemas, las organizaciones y las personas, e impulsar el despliegue de las Tecnologías de la Información y la Comunicación como herramientas imprescindibles para gestionar la nueva estructura organizativa asistencial sociosanitaria”, ha enfatizado Estévez.

Respecto al acceso a la innovación por parte de los pacientes, el presidente de SEDISA ha subrayado la importancia de evaluar en términos de resultados en salud y eficiencia, al tiempo que ha destacado el papel que está adquiriendo en esta línea las compañías farmacéuticas y de tecnología sanitaria, las cuales están pasando de ser “meros proveedores” a ‘partners’, en la búsqueda de la calidad asistencia para los pacientes pero, al mismo tiempo, trabajando por la sostenibilidad del sistema y viabilidad del modelo sanitario.

GESTIÓN CLÍNICA: ORGANIZACIÓN, EQUIPO, RESULTADOS Y EVALUACIÓN

Durante la jornada, se ha puesto de manifiesto la aportación que la gestión clínica puede ofrecer a la Nefrología para obtener un balance positivo entre calidad y eficiencia. “Gestión clínica no es más que una forma de entender la organización de la práctica clínica, donde el trabajo en equipo es fundamental y por lo tanto, los distintos actores intervinientes, administración, profesionales y pacientes, deben de tener un papel definido que les de el protagonismo que cada uno necesita en cada momento del proceso asistencial”, ha comentado Bayona.

A este respecto, el doctor ha avisado de que no se puede hablar de gestión clínica cuando se desarrolla la actividad asistencial, pero sin definición del porqué y para qué y sin objetivos compartidos.

Para que una Unidad de Gestión Clínica funcione debe haber una apuesta firme de la máxima dirección para favorecer y definir lo que es la gestión clínica y, en segundo lugar, la definición de aquello que permita desarrollar ese trabajo en equipo de manera efectiva y, por lo tanto, que cohesione el equipo, le incentive para la mejora continua, la calidad y la eficiencia de la Unidad.

“Por eso deben de existir objetivos compartidos de calidad y eficiencia, la máxima autonomía, participación, elementos que favorezcan la motivación y el reconocimiento, así como el máximo desarrollo profesional posible de los diferentes colectivos que participan en la misma”, ha analizado el doctor Bayona.

En relación a los indicadores que se deben medir para evaluar el éxito de la implementación de la gestión clínica, destacan entre otros los resultados en salud, así como índices de calidad de procesos y procedimientos, disminuyendo la variabilidad, la eficacia de los que se hace, identificando lo que aporta valor y lo que no e indicadores de eficiencia para asegurar que el coste de los procesos es el oportuno y que permita un compromiso para la sostenibilidad y la mejora continua.

“Es importante la evaluación del desempeño, de manera que los profesionales más implicados vean reconocido su desempeño, el desarrollo de un plan de desarrollo profesional y el establecimiento de la retribución diferenciada en función de los resultados individuales de los componentes de la Unidad”, ha señalado el director gerente del Complejo Hospitalario Universitario de Granada.

No obstante, los expertos han advertido de que la gestión clínica tiene que afrontar aún una serie de retos, tanto en el presente como en el futuro y, en este sentido, Bayona ha aconsejado adaptar el servicio a la vida normal de los pacientes y que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) sirvan para adoptar nuevas formas de tratamiento o seguimiento de pacientes.

En el caso concreto de la Nefrología, la presidenta de la SEN ha afirmado que se enfrentan a tres retos: económicos, científicos y educativos. “Optimizar la capacidad de gestión de los profesionales, conseguir que el paciente renal crónico sea más activo en el manejo de su enfermedad y al mismo tiempo ofrecer una solución que sea coste-eficiente para el sistema sanitario son retos que debemos conseguir a través de la gestión integral del paciente”, ha zanjado.

Fuente: lainformacion.com