En España sigue existiendo una enorme brecha salarial si el trabajador por cuenta ajena tiene una discapacidad. A pesar de las ventajas que tiene la contratación de este colectivo, la empresa llega a pagar bastante menos siendo el mismo empleo, a una con discapacidad que a una persona sin ella.

Si el salario medio bruto anual de las personas con discapacidad asciende a 19.569 euros, para los trabajadores sin discapacidad está en 23.208 euros, según la Encuesta Anual de Estructura Salarial y la Base Estatal de personas con Discapacidad publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Además de dicha discriminación se da constancia por sexo, que el salario de las mujeres con discapacidad es cerca de dos mil euros menos. Además, hay que destacar que existen menos desigualdades salariales entre mujeres con y sin discapacidad que en hombres en idéntica circunstancia, dado que en ellas es un 11.6 % menos y en varones un 20.4 %.

Una vez más se constatan las mayores discrepancias salariales que obedecen al tipo de discapacidad que tenga la persona. En primer lugar, las discapacidades sensoriales, son las que más cobran, seguidas de las físicas y otras, frente al extremo opuesto, los trabajadores con discapacidad intelectual y mental, percibieron los salarios más bajos de la media anual del colectivo con discapacidad.

Ciertamente, en cuanto a puestos que son ofrecidos al colectivo con discapacidad, las personas con formación universitaria encuentran mejores trabajos y se acercan al colectivo sin discapacidad en un ratio del 97 % frente a resto de trabajadores con discapacidad que tienen ocupaciones medias como trabajadores no cualificados o artesanos. En cualquier caso, aunque los puestos sean de directivos, gerentes, técnicos o profesionales científicos, la cuota salarial es un 5 % inferior al resto de los trabajadores, frente a los artesanos que cobran un 17 % menos.

La igualdad y la inclusión dentro del colectivo de personas trabajadoras sigue teniendo una distinción entre las mismas, dependiendo si estas tienen una discapacidad física, intelectual, mental o sensorial; sobre todo en el caso del primer empleo y de los jóvenes con una discapacidad sobrevenida. En ningún caso, dentro de las situaciones laborales se presentan como todas las demás personas ni tampoco cobran igual; un asunto en el que el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad, (CERMI), sigue denunciando.