El 64,3 % de las personas con discapacidad que emprenden lo hacen por necesidad, no por vocación. Solo el 4,5 % logra consolidar su negocio más allá de los tres años y medio. Y el 68,1 % considera que no es fácil emprender en España.
Luis Alonso, delegado de Gobierno Abierto del CERMI Estatal, pone el foco en algunas de las cuestiones que deben cambiar, y advierte: «Muchos proyectos que se presentan son tradicionales, como artesanía o pequeño comercio. Eso está bien, pero necesitamos que el emprendimiento con discapacidad evolucione hacia sectores innovadores y digitales».
Insiste en que la vocación es fundamental, pero no debe renunciarse a generar ideas más especializadas y adaptadas al mercado actual. «Hay que reconocer que hay personas con discapacidad que también pueden liderar negocios punteros. No todo tiene que ser el clásico», puntualiza.
Sabina Lobato añade una visión estratégica a este diagnóstico: «Estamos lanzando programas de formación para emprendedores centrados en la sostenibilidad y la transformación digital. Son dos ejes que marcarán el emprendimiento del futuro y no podemos permitirnos dejar atrás al colectivo con discapacidad».
Obstáculos cotidianos, burocracia, prejuicios y soledad
Lidia Parra, presidenta de la Asociación de Emprendedores con Discapacidad (Asemdis), señala que uno de los principales escollos es la burocracia no accesible: «Nos enfrentamos a procesos administrativos que no contemplan nuestras necesidades. Proponemos la figura de un delegado de atención a la diversidad en las entidades».
También recalca la importancia de la formación continua, no solo técnica, sino también fiscal, jurídica y en comunicación. «Una idea sin herramientas no es suficiente. Necesitamos redes de apoyo, y asociaciones como Asemdis ayudan a romper la soledad del emprendedor con discapacidad».
Luis Alonso coincide y alerta sobre el discurso paternalista que muchas veces envuelve estos casos: «No somos héroes. Somos personas que, con los apoyos adecuados, podemos emprender cualquier tipo de negocio. Hay que evitar esa mirada que romantiza la dificultad y visibilizar el talento de forma realista».
Sabina Lobato también insiste en la importancia del acompañamiento emocional: «El proceso de emprender puede ser muy solitario. Por eso es clave que existan redes de apoyo, formación entre pares y seguimiento cercano. No basta con lanzar la idea: hay que estar ahí cuando llegan los primeros obstáculos».
El informe GEM revela que una parte significativa del emprendimiento con discapacidad se concentra en sectores tradicionales. Sin embargo, tanto Lobato como Alonso. coinciden en la necesidad de abrir el abanico hacia áreas emergentes.
«No se trata de abandonar lo clásico, sino de evolucionarlo. Una zapatería puede tener éxito, pero si está apoyada en una estrategia digital sólida y con presencia en línea. Eso marca la diferencia», afirma Alonso. En esa línea, Fundación ONCE está promoviendo herramientas accesibles de mercadotecnia digital, comercio electrónico y gestión empresarial para personas con discapacidad.
Sabina Lobato añade, que «el reto, está en que la transformación digital no deje fuera a nadie. Estamos trabajando con contenidos formativos accesibles, adaptados y conectados con las necesidades reales del mercado».
Para Pepa Torres, gerente de FEACEM y secretaria de la Comisión de Inclusión Laboral del CERMI, los datos son significativos de esta realidad «cuando nos encontramos en períodos de crisis económica, aumentan las personas que comienzan una iniciativa empresarial». Añade, que el “espíritu emprendedor” es relativamente limitado en nuestro país y, también en el caso de las personas con discapacidad. «Sería de gran utilidad trabajar desde edades tempranas en dar a conocer está alternativa de acceso al mundo laboral y contar con programas de acompañamiento integral; al igual que articular formulas de financiación más innovadoras que no penalizasen el riesgo de emprender».
Legislación pendiente y transformación digital accesible
Luis Alonso avisa sobre los desafíos que pueden derivarse de la Ley 18/2022 de creación y crecimiento de empresas. Aunque busca reducir trabas y fomentar la digitalización, impone nuevas exigencias como la facturación electrónica obligatoria, que puede resultar inaccesible si no se desarrollan sistemas adecuados.
«Hay que vigilar muy de cerca cómo se aplica esta Ley. Si las plataformas y herramientas no son accesibles, estaríamos creando una nueva barrera digital para quienes queremos incluir», señala.
Por otro lado, nos encontramos con mayores dificultades para acceder a fuentes de financiación, algo que es constante para las PYMES, para los autónomos y para algunas fórmulas de economía social, como recuerda Pepa Torres, siendo más patente en el caso de las personas con discapacidad, «las fórmulas de financiación con impacto social y la banca ética pueden articular herramientas de financiación más ajustados a las necesidades de las personas con discapacidad emprendedoras», concluye.