María José Soler Romeo, jefa de sección de Nefrología Clínica y Diálisis del Hospital Universitario Vall d’Hebron, explica a GM la situación de la ERC en nuestro país

La enfermedad renal crónica (ERC) es una de las patologías no transmisibles con mayor impacto a nivel mundial y, sin embargo, sigue siendo una gran desconocida para la mayoría de la población. Su curso es silencioso: puede avanzar durante años sin provocar síntomas evidentes hasta alcanzar fases irreversibles, lo que la convierte en una amenaza latente para millones de personas.

La ERC se perfila como un desafío creciente para la salud pública, en buena medida por su naturaleza silenciosa. “La enfermedad renal es silente, cuando tienes una insuficiencia renal no te das cuenta hasta fases muy avanzadas y en las cuales a veces no es reversible o no puedes frenar la progresión”, explica María José Soler Romeo, jefa de sección de Nefrología Clínica y Diálisis del Hospital Universitario Vall d’Hebron y co-directora del grupo de Investigación en Nefrología y Trasplante de este centro en una entrevista a Gaceta Médica.

El hecho de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) haya reconocido la ERC como prioridad sanitaria abre, según la experta, una oportunidad para detectarla antes de que sea demasiado tarde. «Lo que puede hacer al final es tener la capacidad de detectar de forma precoz, de que no se detecten los pacientes cuando ya es demasiado tarde».

Detección precoz de la ERC, indispensable

La detección precoz, insiste, no requiere grandes inversiones y puede marcar la diferencia. «Para la detección de la enfermedad de forma precoz es muy sencillo y vale menos que un café», asegura. Se basa en dos pruebas accesibles en cualquier consulta: un análisis de sangre para medir creatinina, que permite estimar la función renal, y un análisis de orina para comprobar si hay pérdida de albúmina, indicador de daño renal. Con estos sencillos estudios es posible identificar alteraciones en fases iniciales, cuando aún se puede frenar o revertir el avance de la enfermedad.

La situación en España es preocupante. La ERC afecta actualmente entre un 10% y un 15% de la población, según datos recientes, y se prevé que siga aumentando en los próximos años. Proyecciones publicadas en la revista Nefrología estiman que en 2027 afectará a 5,68 millones de personas, frente a los 5,14 millones de 2022, con un diagnóstico efectivo en apenas un tercio de los casos. «En España esta enfermedad se calcula que en el 2100 será la segunda causa de mortalidad después del alzhéimer», advierte la especialista. Este aumento está ligado, en parte, al envejecimiento de la población y a la asociación de la ERC con otras patologías crónicas como la diabetes y la hipertensión.

Uno de los principales retos nacionales es implantar un cribado sistemático. «Los retos en nuestro país serían implementar medidas de screening y actualmente en el Ministerio hay un programa que se está trabajando, que es el programa de cronicidad, y la enfermedad renal crónica está contemplada en este programa», explica Soler Romeo.

La Sociedad Española de Nefrología (S.E.N.) ha implementado diversas iniciativas en este sentido, entre ellas el Plan Estratégico para el Manejo de la Cronicidad en colaboración con el Ministerio de Sanidad, la integración del Registro S.E.N., la creación de un programa de Cumplimiento normativo —el primero de este tipo a nivel nacional—, así como el lanzamiento del programa #CódigoRiñón, entre otros proyectos.

Detectar de forma temprana es clave para evitar que el paciente llegue a la fase terminal, cuando las únicas opciones son la hemodiálisis, la diálisis peritoneal o el trasplante renal. Aunque España es líder mundial en trasplantes, la calidad de vida se ve notablemente afectada cuando se necesita terapia renal sustitutiva. «Un paciente que está en hemodiálisis hospitalaria o en centro tiene que acudir a un centro/hospital tres veces por semana, unas cuatro horas cada vez. Ya no es solo el tiempo del tratamiento, sino que después sale cansado y esa tarde no está al 100%», detalla. A esto se suma el desplazamiento, que en zonas rurales o ciudades con tráfico intenso puede suponer varias horas de viaje.

Mejorar la calidad de vida

Para mejorar la calidad de vida de las personas que padecen enfermedad renal crónica, se están impulsando modalidades como la diálisis domiciliaria (diálisis peritoneal y hemodiálisis domiciliaria), que permite al paciente realizar el tratamiento en casa. Sin embargo, la prioridad sigue siendo evitar que la enfermedad progrese hasta ese punto. En este sentido, la coordinación entre especialidades es fundamental.

La experta destaca como ejemplo las unidades cardiorrenales, donde cardiólogos y nefrólogos visitan juntos al paciente y comparten pruebas y analíticas, evitando duplicidades y mejorando la atención. «El cardiólogo especialista en insuficiencia cardíaca y el nefrólogo especialista en tratamiento de pacientes de enfermedades renales crónicas, si tratan conjuntamente a este paciente en la unidad cardiorrenal, es en beneficio del paciente, evitando la duplicidad de visitas, consensuando el tratamiento y disminuyendo la necesidad de ingresos hospitalarios por descompensaciones», detalla.

La especialista subraya que estamos viviendo «una época dorada en la nefrología», después de años de escasez de avances. Hoy en día hay múltiples ensayos clínicos que evalúan fármacos capaces de frenar la progresión de la enfermedad renal y proteger la salud cardiovascular. Además, hay evidencia de que algo tan simple como registrar formalmente el diagnóstico en la historia clínica puede influir en la evolución del paciente. «Hay un estudio de Estados Unidos que ha observado que si tú diagnosticas a un paciente, le haces la prueba y lo pones en la historia clínica, lo categorizas, este paciente va a progresar menos su enfermedad porque vamos a ser capaces de implementar las nuevas herramientas que tenemos para frenar la progresión de la ERC».

Mirando al futuro, Soler Romeo plantea como líneas prioritarias el diagnóstico precoz, la extensión del cribado a pacientes en riesgo, la mejora de la coordinación multidisciplinar y el impulso a la investigación tanto clínica como traslacional. En el marco de su candidatura a la presidencia de la Sociedad Española de Nefrología, su compromiso es claro: «Trabajar con ilusión y entusiasmo en el avance de la Nefrología de nuestro país siempre en beneficio de la persona con enfermedad renal. Apostamos por una estrategia de prevención primaria y detección precoz de la ERC. Promover la investigación tanto clínica como traslacional, y tener una paridad en los cargos en la enfermedad renal».

La enfermedad renal crónica avanza sin dar síntomas, pero su impacto es creciente y devastador. El reconocimiento internacional que empieza a recibir puede ser un punto de inflexión para que la prevención, el diagnóstico temprano y la innovación terapéutica se conviertan en la norma, y no en la excepción. Mientras tanto, los especialistas insisten: basta con una analítica sencilla para detectar a tiempo el daño renal y evitar su progresión.

Fuente: Gaceta Médica