“En una democracia avanzada, la igualdad sanitaria no debería ser una aspiración, sino una realidad tangible. Sin embargo, en Melilla, esa promesa continúa pendiente. El nuevo Hospital Universito presentado públicamente como símbolo de modernización y justicia territorial, ha nacido con una carencia que resulta imposible justificar: la incapacidad de realizar de forma inmediata una prueba fundamental para la vida de los pacientes trasplantados y renales, la determinación del nivel de tacrólimus.

No hablamos de una tecnología experimental ni de un procedimiento extraordinario. Hablamos de una analítica rutinaria en cualquier hospital de referencia del Sistema Nacional de Salud. En Málaga, por ejemplo, un paciente obtiene los resultados en cuestión de horas, permitiendo ajustar su tratamiento ese mismo día. En Melilla, en cambio, la espera puede prolongarse durante días o semanas o incluso obligar al enfermo a desplazarse a la península para algo tan básico como saber si su organismo está rechazando un órgano.
Esta situación no es un matiz técnico ni un mero detalle logístico, es una desigualdad asistencial intolerable. Y lo es, además, en un hospital nuevo, inaugurado con solemnidad institucional, acompañado de discursos sobre equidad, bienestar y Justicia reparada. Las palabras fueron prometidas. La realidad, por ahora, no lo es.
La medición del tacrolimus es esencial. De ella depende ajustar con precisión un tratamiento inmunosupresor delicado, sin el cual un trasplante puede fracasar o la vida del paciente ponerse en riesgo. Cada día de retraso aumenta la incertidumbre, la ansiedad y el peligro real de complicaciones graves. Ningún ciudadano debería enfrentarse a esa angustia, y desde luego no por una falta organizativa en un hospital recién abierto. Melilla no puede ser tratada como una excepción geográfica ni como un margen de tolerancia asistencial. Ese derecho no se inaugura con un acto institucional ni con fotografías oficiales: se garantiza desde el laboratorio y en el tiempo clínicamente necesario.
Es legítimo celebrar la apertura de una gran infraestructura sanitaria. Pero la verdadera legitimidad se construye cuando cada melillense recibe el mismo cuidado, la misma seguridad y la misma respuesta diagnóstica que en cualquier otra parte del país. Hasta que esa igualdad no sea efectiva, el discurso de universalidad sanitaria seguirá siendo incompleto.
La paradoja resulta aún mas difícil de justificar cuando se compruebe que el hospital universitario dispone de un laboratorio funcional y perfectamente equipado, así como de profesionales específicamente cualificados y preparados. La competencia técnica existe; los medios, también. Lo que falla, de manera evidente, es la decisión operativa para ponerlos en marcha. No es la ciencia la que falta, sino la gestión. No es la capacidad, sino la voluntad. Se erosiona la igualdad sanitaria que se ha proclamado.”