Los cólicos nefríticos suelen identificarse con un dolor intenso, pero los casos que atienden los urólogos demuestran que, en ocasiones, una piedra en el riñón puede desencadenar infecciones graves
El urólogo Alejandro Cárdenas conoce de cerca la cara más peligrosa de los cálculos renales. Aunque mucha gente asocia las “piedras en el riñón” únicamente con el dolor, su impacto puede ser mucho mayor y derivar en situaciones de auténtica urgencia hospitalaria. Así lo explica en un vídeo de TikTok a partir de un caso reciente atendido en un servicio de urgencias, donde una paciente de 50 años llegó con un cuadro que evidenciaba la gravedad de esta patología.
Según relata el especialista, la mujer acudió al hospital después de sentir un dolor “muy, muy fuerte en el riñón, o en la zona del riñón, derecho”. No era el único síntoma. La paciente también había desarrollado fiebre, vómitos e incluso había llegado a desmayarse a causa del dolor. Los médicos de urgencias, tal y como cuenta Cárdenas, actuaron con rapidez. “Con muy buen criterio, le piden una analítica y una radiografía”, explica.
Los resultados no dejaron dudas. Tal como describe el urólogo, en la analítica observaron que “tanto los leucocitos como los marcadores de infección están muy elevados y que la función del riñón está un poco trastocada”. En sus palabras, eso significa que “el riñón no está filtrando como debería”, un dato que, unido al resto de síntomas, hacía necesario actuar sin demora.
Para completar el diagnóstico, los facultativos solicitaron una ecografía. Esta prueba confirmó la sospecha clínica. “En la ecografía se ve cómo el riñón derecho está completamente obstruido por una piedra”, explica el joven en el vídeo. La combinación de obstrucción, dolor intenso, fiebre y bajada de tensión activó inmediatamente el aviso a los urólogos del centro.
Este tipo de situaciones obliga a intervenir de manera casi urgente para evitar que la infección avance y afecte al resto del organismo. Cárdenas lo explica con claridad. “Tenemos que intentar que ese riñón se desobstruya”, asegura. Para conseguirlo, el procedimiento más habitual es la colocación de un catéter especial. “¿Y cómo podemos conseguir eso? Pues colocando un catéter: el famoso catéter doble J”, detalla.
Este dispositivo, que se introduce entre el riñón y la vejiga, permite sortear la obstrucción y restablecer el paso de la orina. Aunque en un primer momento la paciente continuó con fiebre, la evolución fue positiva. “Hay que administrarle antibióticos, pero mejora, mejora, y consigue estabilizarse y poder irse a casa en 48 horas», añade.
El tratamiento definitivo, sin embargo, llega después. Pasados un par de meses, los urólogos procedieron a retirar la piedra mediante una cirugía mínimamente invasiva. “Podemos hacer una cirugía para fragmentar esa piedra, sacarla y dejar todo ese conducto limpio”, explica Cárdenas.
Más allá del caso clínico, el especialista insiste en el vídeo en que los cálculos renales no deben tomarse a la ligera. Aunque muchas personas los asocian únicamente a episodios de dolor —los llamados cólicos nefríticos—, sus consecuencias pueden ser mucho más serias si no se tratan adecuadamente. “Las piedras pueden ser muy, muy complejas”, advierte el urólogo, especialmente cuando van acompañadas de fiebre, infección o dificultad para orinar.
El mayor riesgo aparece cuando la infección asciende y se extiende, lo que puede desencadenar una situación altamente peligrosa para el paciente. Como recalca Cárdenas, esta fiebre “puede causar una sepsis urinaria”, un cuadro grave que requiere atención médica urgente y un manejo hospitalario adecuado.
Para evitar llegar a estos extremos, el especialista recuerda una medida sencilla pero fundamental: la hidratación. “Es muy importante la hidratación para prevenir estas piedras”, insiste. Y una recomendación especialmente relevante en épocas de calor, momentos de deshidratación o en personas con antecedentes de litiasis renal.
Fuente: El Confidencial
