Salamanca lideró Castilla y León en donación de órganos y trasplantes a lo largo de 2025
La donación de órganos en Castilla y León alcanzó en 2025 una de sus cifras más destacadas de los últimos años, con un total de 130 donantes, según el balance de la Coordinación Autonómica de Trasplantes. En este contexto, Salamanca se situó como la provincia con mayor número de donantes de la Comunidad.
Los hospitales públicos generaron a lo largo del año pasado 434 órganos destinados a trasplante gracias a la solidaridad ciudadana. Solo en la provincia salmantina se contabilizaron 34 donantes, la cifra más elevada del conjunto autonómico, lo que refuerza el liderazgo del Complejo Asistencial Universitario de Salamanca.
Entre enero y diciembre se realizaron 261 trasplantes de órganos en Castilla y León, de los que 174 fueron renales. De ellos, 85 se practicaron en el hospital salmantino, que además llevó a cabo 11 trasplantes renales de donante vivo o cruzado y siete trasplantes combinados de páncreas y riñón. A esta actividad se suma la puesta en marcha del nuevo programa de trasplante pulmonar, gracias al cual 23 pacientes recibieron un nuevo pulmón en Salamanca durante el pasado año.
ALCER Salamanca
La mejora en la atención a las personas con enfermedad renal también se apoya en la labor de asociaciones como ALCER Salamanca, que este año celebra su 50 aniversario. Su presidente, Juan Carlos Sánchez, subraya la importancia de seguir impulsando la concienciación social sobre la donación de órganos, pese a que la lista de espera para trasplante renal es actualmente «la más baja que hemos tenido nunca».
En la provincia, 465 personas reciben tratamiento renal sustitutivo: 147 están en diálisis y 318 viven con un trasplante. Solo en 2024 se registraron 41 nuevos casos. ALCER, que cuenta con unos 330 socios, apuesta por reforzar la diálisis domiciliaria, especialmente la peritoneal, y reclama apoyo de enfermería a domicilio y en geriátricos para evitar desplazamientos frecuentes al hospital, y mejorar así la calidad de vida de estas personas.
La asociación dispone además de alojamiento temporal para familiares, un centro integral con talleres y actividades, y programas como la escuela de pacientes y el paciente mentor, que acompañan y orientan a quienes inician el proceso. Todo ello, en coordinación permanente con el hospital, para seguir avanzando en una atención integral y humana.
APUCYL
La Asociación de Pacientes Pulmonares de Castilla y León (APUCYL) trabaja para ayudar a pacientes y familiares a afrontar juntos el día a día de convivir con enfermedades respiratorias graves y, en muchos casos, con el trasplante pulmonar derivado de estas dolencias. Sus actividades están orientadas a mejorar la calidad de vida de los afectados y a reducir las hospitalizaciones del enfermo pulmonar.
Entre sus fines figuran la información, ayuda y asesoramiento a personas con patologías pulmonares y a su entorno ante la posibilidad de un trasplante, y se abordan aspectos médicos, personales y sociales. También promueve la investigación sobre el trasplante pulmonar, fomenta la colaboración activa de los propios trasplantados en su preparación y rehabilitación, y divulga las dificultades personales, económicas y administrativas que conlleva este proceso, así como sus posibles soluciones.
Según explica su secretaria, Inmaculada Martín, la asociación nació en 2006 en Alba de Tormes por iniciativa de varios pacientes y se trasladó en 2008 a Salamanca. Ofrece sesiones de gimnasia con fisioterapeuta, consideradas esenciales para estos enfermos, y atención psicológica mensual. Entre las patologías más frecuentes se encuentran la EPOC, bronquiectasias, fibrosis, histiocitosis y enfermedades raras.
Hay que destacar además que, el Complejo Asistencial Universitario de Salamanca cuenta desde hace un año con una Unidad de Trasplante Pulmonar.
APUCYL participa también en campañas de fomento de la donación de órganos, como el Día del Donante Universitario, para recordar que la donación es clave para muchos pacientes.
España lidera la donación de órganos
España se sitúa de nuevo a la cabeza mundial en donación de órganos y trasplantes. El país encadena ya 34 años consecutivos como líder internacional en donantes, con una tasa de 51,9 por ciento por millón de población. Durante 2025 se realizaron 6.335 trasplantes, una cifra muy cercana al récord histórico alcanzado en 2024, cuando se registraron 6.464 intervenciones. En la última década, los trasplantes han crecido más de un 50%.
Las buenas cifras del año pasado fueron posible gracias a las 2.547 personas que donaron sus órganos tras fallecer, otras 408 donaron en vida, 402 de ellas un riñón y seis parte de su hígado. A las que se suman las 226 personas que donaron tras acogerse a la ley de eutanasia, que han posibilitado el trasplante de 643 pacientes desde que entrara en vigor en 2021.
Por tipo de trasplante, el renal continúa siendo el más frecuente, con 3.999 intervenciones, en línea con el año anterior. Le sigue el trasplante hepático, con 1.276 operaciones, aunque con un descenso del 5%. El de pulmón registró 556 trasplantes, un 11% menos, mientras que el de corazón marcó un hito histórico con 390 intervenciones, un 12% más que en 2024. Completan la lista el trasplante pancreático (103, un 6% más) y el de intestino, con 11 casos, lo que supone un incremento del 175%.
Esta tasa que alcanzó España en 2025 es muy superior a la del resto de países del mundo, según datos del Observatorio Global de Donación y Trasplante. En 2024, Estados Unidos registró 49,7 donantes p.m.p, por delante de Italia (30,6), Francia (28,6), Canadá (22,9), Suecia (22,7), Reino Unido (20,4), Australia (19,7), Alemania (11,4). La Unión Europea, en su conjunto, registró 24,2 donantes por millón de población.
A nivel territorial, Cantabria lidera la tasa de donación con 103 donantes por millón de habitantes. Todas las comunidades autónomas, excepto Baleares, superan los 40 donantes por millón; trece alcanzan los 50 y siete rebasan los 60.
De cara al futuro, la Organización Nacional de Trasplantes pondrá en marcha una nueva estrategia hasta 2030, orientada a aumentar la disponibilidad de órganos, mejorar la detección de posibles donantes y optimizar todo el proceso.
Cuatro años del trasplante que cambió su vida
Soledad García tenía 59 años cuando empezó a sentirse mal, cojeaba y acudió al médico sin imaginar que una analítica revelaría que su función renal era «casi inexistente». Hoy, con 66 años, recuerda aquel diagnóstico: «No sabía ni que era hipertensa ni que el riñón me funcionaba mal», explica.
Los médicos le recomendaron la diálisis peritoneal, una técnica domiciliaria que permite mayor autonomía. Durante 14 meses se dializó tres veces al día y otros 14 meses con una cicladora, una máquina que funciona por la noche mientras el paciente duerme. Todo ello en plena pandemia. «La ventaja es que te la haces en casa y puedes llevar una vida más normal, pero tienes que vivir muy pendiente», señala. Estuvo 28 meses en diálisis mientras también pensaba en el trasplante con cierto temor.
Recuerda que recibió una llamada a las nueve de la noche, donde le comunicaron que había un riñón compatible. A las cinco de la madrugada le confirmaron que uno de los dos órganos era para ella. Cuatro años después, el balance es muy positivo: «Me fue bien. El riñón comenzó a funcionar al día y medio».
Soledad habla con gratitud hacia los donantes, sus familias, el equipo médico y la coordinación de trasplantes. Hoy hace una vida «totalmente normal», aunque mantiene medicación y revisiones semestrales. A quienes esperan un órgano les envía paciencia y ánimo. Y reivindica el papel de las asociaciones y concretamente de ALCER. Destaca además el Grupo Mujer y Enfermedad Renal de esta asociación, que aborda cuestiones específicas como la menopausia anticipada o la salud sexual y reproductiva. «El objetivo es estar empoderadas en nuestra enfermedad», concluye.
Marta e Isabel renacen tras el trasplante pulmonar
Marta María Alfonso tiene 57 años y convive desde la adolescencia con una enfermedad rara llamada histiocitosis X, provocada por la mutación de un gen, que le diagnosticaron cuando tenía 17 años.
A pesar de la enfermedad, Marta ha llevado una vida activa. Ha trabajado durante casi 30 años en Grupo Andrés y mantuvo su actividad laboral hasta que su salud comenzó a deteriorarse gravemente y se jubiló. «Estuve en tratamiento desde los 18 hasta los 48 o 49 años, cuando parecía que estaba estable», recuerda.
Sin embargo, un día su situación cambió de forma repentina. Tras una comida regresó a casa con los pies muy hinchados. En urgencias descubrieron que su saturación de oxígeno era de apenas 69. Desde ese momento necesitó oxígeno las 24 horas del día. «Cada vez estaba peor. Ni con el oxígeno aguantaba 10 metros andando», explica.
El trasplante finalmente llegó en 2020: «Lo viví con esperanza, pero también con miedo», reconoce. La operación se realizó en el Hospital Puerta de Hierro de Madrid y permaneció ingresada algo más de un mes debido a una infección por pseudomona que le obligó a prolongar su hospitalización.
Seis años después, Marta asegura que su evolución ha sido excepcional. «Soy un caso único. Quitando esa bacteria, no he tenido ningún ingreso», afirma.
En el caso de Isabel Sánchez, de 58 años, la enfermedad apareció en 2013, cuando empezó a notar cansancio al subir escaleras o cuestas. Un día acudió a urgencias con 40 de fiebre por una fuerte gripe y se asustaron al comprobar su saturación de oxígeno.
Tras varias pruebas, le diagnosticaron linfangioleiomiomatosis, una enfermedad rara que afecta principalmente a mujeres en edad fértil y que provoca la formación de bullas en los pulmones que dificultan la respiración. Desde el primer momento los médicos le advirtieron que probablemente necesitaría un trasplante.
Isabel continuó trabajando como profesora hasta 2018, cuando el deterioro de su salud le obligó a dejar las clases. Finalmente recibió el trasplante en el año 2022 en el Hospital 12 de Octubre de Madrid.
Recuerda con emoción el momento de la llamada que cambió su vida. Su hijo tenía entonces 13 años. «Me abracé a él al despedirme y le dije: ‘yo vuelvo’».
Tras la operación permaneció ingresada casi un mes y tuvo que quedarse otro mes más en Madrid para realizar rehabilitación respiratoria. En su caso, el postoperatorio ha estado marcado por varias complicaciones e ingresos hospitalarios, incluso una nueva cirugía debido a una bacteria.
Aun así, Isabel asegura que su calidad de vida ha mejorado notablemente. «No tengo una vida totalmente normal, pero es muchísimo mejor que antes del trasplante», afirma. Su rutina diaria incluye medicación estricta, nebulizaciones, controles de temperatura, saturación y espirometrías periódicas.
Ambas coinciden en que sin la figura del donante nada de esto sería posible. «La donación de órganos es esencial», subraya Isabel; y para Marta, «sin el donante yo no estaría aquí».
Fuente: lagacetadesalamanca.es
Foto: ALCER Salamanca
