La convergencia de la enfermedad renal crónica y la periodontitis constituye una doble carga global con consecuencias biológicas, clínicas y económicas de gran alcance. El problema para parte de la comunidad científica es que la nefrología y la salud bucal continúan operando como disciplinas aisladas, con una limitada aplicación de los conocimientos integrados a la práctica clínica o las políticas de salud.
La evidencia científica respalda una relación bidireccional entre la enfermedad renal crónica (ERC) y las enfermedades bucales, mediada por la inflamación sistémica, la disfunción endotelial y la desregulación inmunitaria. «Sabemos que existe una asociación entre la enfermedad renal crónica (ERC) y las enfermedades bucales», aseguró Priyanka Gudsoorkar, primera autora de un estudio realizado por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cincinnati (EEUU). La también profesora adjunta del Departamento de Ciencias Ambientales y de la Salud Pública, indicó que «se trata de una relación bidireccional».
Se sabe que ambas patologías comparten vías inflamatorias que podrían contribuir a la progresión de la enfermedad. En concreto, la relación parece estar impulsada por la desregulación inmunitaria, la disfunción endotelial (estrechamiento de los vasos sanguíneos), la disbiosis microbiana (desequilibrio de la microbiota oral) y la inflamación sistémica. Asimismo, la periodontitis moderada a grave se correlaciona con una disminución acelerada de la tasa de filtración glomerular (TFG) y una mayor mortalidad por todas las causas entre los pacientes con ERC.
El estudio reveló que muchos médicos siguen tratando la salud bucal de forma aislada de la enfermedad crónica, en lugar de integrarla en una estrategia de tratamiento más amplia que permita una identificación más temprana y una mejor evaluación del riesgo.
Esta desconexión puede ser especialmente significativa para los pacientes sometidos a diálisis y en espera de un trasplante de riñón. La autorización dental previa al trasplante suele ser un requisito antes de la cirugía. Para algunos pacientes, la espera para un trasplante de riñón puede prolongarse durante años, y las infecciones bucales no tratadas pueden retrasar el procedimiento y convertirse en un obstáculo evitable para la preparación para el trasplante.
«Las infecciones bucales y la enfermedad periodontal no tratada pueden complicar la continuidad de la atención. Para muchos pacientes, la evaluación para trasplante es el primer paso en su tratamiento renal en el que la derivación al odontólogo se convierte en un requisito habitual. Por lo tanto, es necesario un seguimiento más exhaustivo de la salud bucal en pacientes en diálisis, junto con un mejor manejo de la inflamación periodontal», explicó la prof. Gudsoorkar.
Estos investigadores instan, por tanto, a integrar la salud bucal y renal de forma más directa en los sistemas de atención clínica. «Necesitamos crear un marco que respalde la integración de la atención bucal y renal a lo largo de todo el proceso de la enfermedad renal crónica.
«Un marco mejorado, que podría incluir la implementación de protocolos de atención estandarizados y un mejor intercambio de historiales médicos de los pacientes entre las distintas especialidades, también podría permitir una intervención más temprana y aliviar la carga económica para los pacientes. Aún necesitamos estudios prospectivos bien diseñados y ensayos clínicos para esclarecer la dirección y la magnitud de la causalidad», concluyó la prof. Gudsoorkar.
