Los pacientes renales exigen reducir las desigualdades en el acceso al trasplante y reforzar el seguimiento, la atención psicológica y la calidad de vida tras la intervención
España volvió a consolidarse en 2025 como líder mundial en trasplantes al superar, por segundo año consecutivo, los 6.300 procedimientos realizados. De ellos, 3.998 fueron trasplantes renales, una cifra que se mantuvo estable respecto al año anterior y que confirma el peso que tiene este órgano dentro de la actividad trasplantadora nacional. El volumen alcanzado fue posible gracias a las 2.547 personas que donaron sus órganos tras fallecer y a otras 408 que realizaron una donación en vida, principalmente de riñón. Sin embargo, detrás de estos datos récord persisten retos relacionados con la equidad en el acceso al trasplante, el seguimiento de los pacientes y la atención a sus necesidades psicosociales.
Precisamente estas cuestiones centran las reivindicaciones de los pacientes renales. Daniel Gallego, paciente renal y miembro de la Federación Nacional de Asociaciones para la Lucha contra las Enfermedades del Riñón (ALCER), advierte de que el principal desafío ya no es únicamente aumentar el número de trasplantes, sino garantizar que todas las personas candidatas tengan las mismas oportunidades de acceder a ellos. «Hemos visto bastante desigualdad entre comunidades autónomas porque el acceso a la lista de espera depende muchas veces del centro donde estés siendo atendido», explica en una entrevista a ConSalud.es. Según denuncia, existen diferencias significativas entre pacientes tratados en hospitales con programas trasplantadores y aquellos que reciben diálisis en centros periféricos concertados.
Gallego señala que una de las principales barreras se encuentra en el proceso de inclusión en lista de espera. «Hemos visto diferencias de hasta dos años para hacer las pruebas necesarias e incluir a una persona en lista de trasplante», afirma. Una situación que considera incompatible con un sistema sanitario que aspira a garantizar la igualdad de oportunidades. En este contexto, destaca la puesta en marcha del programa ATRAE, impulsado por la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), que busca precisamente reducir la variabilidad territorial y mejorar el acceso al trasplante en todo el país.
“Siempre hay escasez de órganos. Se hacen miles de trasplantes, pero vuelven a entrar miles de personas en lista de espera y al final nos quedamos prácticamente igual”
Estas peticiones cobran más relevancia si se tiene en cuenta que el trasplante renal continúa siendo el tratamiento de elección para la mayoría de personas con enfermedad renal crónica avanzada. Aunque cada año se realizan cerca de 4.000 trasplantes de riñón, la lista de espera se mantiene estable porque constantemente se incorporan nuevos pacientes. «Siempre hay escasez de órganos. Se hacen miles de trasplantes, pero vuelven a entrar miles de personas en lista de espera y al final nos quedamos prácticamente igual», resume Gallego.
La ONT también ha identificado la mejora del acceso al trasplante como una de las líneas prioritarias de su estrategia para los próximos años. Entre los objetivos figura reducir barreras para pacientes con especiales dificultades por sus características clínicas o inmunológicas, así como potenciar la donación renal de vivo. En 2025, 402 personas donaron un riñón en vida y se realizaron 17 trasplantes dentro del Programa de Trasplante Renal Cruzado gestionado por la ONT, una herramienta que permite encontrar compatibilidades entre parejas donante-receptor que inicialmente no pueden donar entre sí.
AVANCES EN LAS TÉCNICAS DE TRASPLANTE DE RIÑÓN
Otro de los avances destacados por los pacientes tiene que ver con la innovación técnica. En los últimos años se han desarrollado sistemas más sofisticados para la preservación de órganos mediante máquinas de perfusión, que permiten mantener los riñones en mejores condiciones desde la extracción hasta el implante. «Estas técnicas hacen que el órgano se deteriore menos, empiece a funcionar antes y tenga mejor pronóstico a largo plazo», señala Gallego. La mejora resulta especialmente importante en un contexto en el que cada vez cobran más protagonismo los donantes en asistolia, es decir, aquellos cuya donación se produce tras una parada cardiorrespiratoria.
“Lo importante es cuántos pacientes consiguen vivir más y mejor, manteniendo su autonomía, su participación social y su vida laboral”
Sin embargo, desde ALCER insisten en que el éxito de un trasplante no puede medirse únicamente por la supervivencia del injerto o por la reducción de complicaciones médicas. «Lo importante es cuántos pacientes consiguen vivir más y mejor, manteniendo su autonomía, su participación social y su vida laboral», subraya Gallego. Para ello, reclama una mayor incorporación de la llamada toma de decisiones compartida, un modelo que permita a los pacientes comprender realmente las opciones disponibles y participar activamente en las decisiones relacionadas con su tratamiento. Según explica, todavía existen personas que desconocen incluso si están incluidas en lista de espera o que encuentran dificultades para entender una información excesivamente técnica.
SEGUIMIENTO DEL PACIENTE Y ATENCIÓN A LA SALUD MENTAL
La necesidad de reforzar el seguimiento posterior al trasplante es otra de las preocupaciones que trasladan los pacientes. Aunque cada año aumenta el número de procedimientos realizados, los equipos encargados de monitorizar a los receptores y controlar la evolución de los injertos no siempre han crecido al mismo ritmo. La propia ONT reconoce esta realidad en su estrategia nacional, donde plantea reforzar los equipos de coordinación y seguimiento.
El componente emocional constituye otro de los grandes retos. Desde ALCER alertan de que el proceso trasplantador genera una importante carga psicológica tanto antes como después de la intervención. La incertidumbre durante la espera, el miedo al rechazo del órgano, las revisiones periódicas o la necesidad de mantener tratamientos inmunosupresores de por vida pueden provocar ansiedad y afectar al bienestar emocional. «La responsabilidad de solicitar un órgano y también la de aceptarlo es muy grande. Hay que aprender a convivir con ello», puntualiza Gallego. La situación puede resultar especialmente compleja en los casos de donación de vivo o cuando el injerto fracasa de forma precoz, circunstancias que generan sentimientos de culpa y sufrimiento tanto en receptores como en familiares.
A pesar de estos desafíos, los pacientes valoran positivamente el funcionamiento del modelo español de trasplantes y la colaboración existente entre la ONT, las sociedades científicas y las asociaciones de pacientes. «La relación es excelente y vamos siempre de la mano», asegura Gallego. Gracias a esta cooperación, España mantiene cifras de referencia internacional, con una media de ocho donantes y 17 trasplantes diarios. No obstante, desde el movimiento asociativo recuerdan que aún queda margen de mejora. Reducir las desigualdades territoriales, impulsar la donación renal de vivo, fortalecer el apoyo psicológico y garantizar una atención integral a largo plazo son algunos de los objetivos que marcarán el futuro de un sistema que sigue siendo ejemplo mundial.
Fuente: ConSalud
