De Corbacho a Raphael, muchas celebridades han necesitado un trasplante
Los pacientes que han pasado por la experiencia de un trasplante suelen hablar de renacimiento. Le ocurrió a Raphael tras recibir un hígado en 2003. Después de varios años arrastrando una grave enfermedad hepática, el cantante describió la operación como el comienzo de «una segunda vida». A partir de entonces regresó a los escenarios y se convirtió en uno de los mayores defensores de la donación de órganos en España.
Algo parecido vivió José Luis Rodríguez, «El Puma». La fibrosis pulmonar idiopática había reducido su mundo al ritmo que marcaban una bombona de oxígeno y unos pocos metros de cable para desplazarse por casa. En 2017 recibió un doble trasplante de pulmón. Más tarde recordaría que, aunque la espera había sido «lo más tedioso y terrible», la operación le permitió recuperar una existencia que daba por perdida. Volvió a cantar y a respirar sin la enfermedad dictando cada movimiento.
El humorista José Corbacho anunció su trasplante de riñón con una frase muy simple: «Termina una etapa». Después de varios años sufriendo una insuficiencia renal crónica, recibió la cirugía como el inicio de otra forma de vivir. «La vida sigue y es maravillosa», escribió al abandonar el hospital.
También Selena Gomez explicó que, tras el trasplante de riñón que necesitó por el lupus, sintió que había recibido una segunda oportunidad. La operación sufrió complicaciones inesperadas y se prolongó mucho más de lo previsto, convirtiéndose en una experiencia traumática. Sin embargo, aquella crisis cambió su manera de entender la salud mental y le ayudó a reconstruir su vida con otras prioridades.
No significa que el órgano modifique la personalidad. De hecho, la neurociencia descarta que un corazón, un pulmón o un riñón transmitan recuerdos o emociones. Biológicamente sigue siendo la misma persona; psicológicamente, comienza una biografía nueva.
Fuente: La Razón
