Solo el 17% de los pacientes con enfermedad renal avanzada realizan diálisis domiciliaria, una técnica que los nefrólogos quieren impulsar
Antes de la pandemia, se pusieron en marcha decenas de centros y unidades especializadas en hemodiálisis, para los pacientes con enfermedad renal avanzada que necesitan de un tratamiento que haga la función de sus riñones: limpie su sangre y elimine el exceso de líquido. Pero la crisis sanitaria trajo consigo un cambio de mentalidad y tanto médicos como muchos pacientes prefieren hoy los tratamientos renales domiciliarios, dado que son más cómodos y seguros para los enfermos y reducen la carga asistencial del sistema. La Sociedad Española de Nefrología, de hecho, lleva varios años impulsando la terapia ambulatoria.
No obstante, el giro avanza lentamente y por el momento solo el 17,5% de los pacientes en tratamiento renal sustitutivo en España y el 14% en Catalunya tienen acceso a la diálisis en domicilio, llamada peritoneal. Uno de estos pacientes es Pere Hermoso (65 años, Premià de Dalt, Maresme), quien vio cómo su vida daba un giro de 180 precisamente por el covid. Se vacunó con AstraZeneca y sufrió trombosis en una pierna y coágulos en los pulmones. “Me salvé por los pelos”, explica. Además, sus riñones, que tenían entonces quistes, empezaron a empeorar y desde hace cinco años está en tratamiento renal domiciliario.
«Me explicaron los tres métodos de diálisis, los pros y los contras y opté por la peritoneal»
“Me explicaron los tres métodos de diálisis, los pros y los contras y opté por la peritoneal”, explica. Este método consiste en que el paciente se introduce, a través de un catéter previamente instalado en quirófano, un suero por el abdomen, para absorber las toxinas y el exceso de líquido, tres veces al día, todos los días de la semana. Para poder realizarlo, los pacientes son formados por profesionales expertos.
La hemodiálisis tradicional, por el contrario, queda en mano de los sanitarios. Los pacientes tienen que acudir a un centro tres días por semana, unas cuatro horas y se realiza a través de la sangre. Al ser un tratamiento más intensivo, puede producir más efectos secundarios, como mareos o cansancio. Y en el hospital, están más expuestos a infecciones.
«Con mi sistema, yo me hago el tratamiento, por la mañana, al mediodía y por la noche, durante una hora, cuando me viene bien y si quiero irme de vacaciones, cojo las bolsas y me voy»
Hermoso prefirió la diálisis en casa porque considera que la hemodiálisis “te lía durante más tiempo”. “Con mi sistema, yo me hago el tratamiento, por la mañana, al mediodía y por la noche, durante una hora, cuando me viene bien y si quiero irme de vacaciones, cojo las bolsas y todo lo necesario me voy”, explica. De hecho, le gusta ir a la Cerdanya, donde vive su suegra, sobre todo en verano, huyendo del calor. Aunque no se aleja a más de dos horas del hospital universitario German Trias i Pujol (Badalona), porque está en lista de espera para un trasplante.
“Cuando me dieron la formación, me dijeron que iba a tener menos infecciones, menos infartos y más longevidad porque con la diálisis peritoneal machacas menos el cuerpo, dado que no te tienen que sacar toda la sangre. Y yo el 90% del tiempo estoy bien. Si entre una sesión y otra espacio mucho el tratamiento, me siento más espeso de cabeza, pero poco más”, indica.
La máquina
Hay un tercer método, que consiste en diálisis peritoneal pero a través de una máquina y que se realiza por la noche. Sin embargo, Hermoso, que hace el tratamiento en una habitación en la que solo entra él, para evitar al máximo la contaminación de microorganismos, prefirió el método manual, tres veces al día, a la máquina nocturna porque se mueve mucho durmiendo y “le dio pánico tener que estar enchufado toda la noche”.
Reconoce, además, que en un inicio, cuando le pusieron el catéter para empezar el tratamiento, sufrió un bajón emocional. «Entré un poco en depresión porque mi vida sufrió un cambio muy brusco», admite, pero se puso en contacto con ALCER, la Federación Nacional de Asociaciones para la Lucha contra las Enfermedades del Riñón, y gracias a la ayuda de este colectivo ha aprendido «a conocer mejor la patología y sobrellevarla».
Por ejemplo, en estos cinco años, le han llamado dos veces para avisarle de la existencia de un posible donante, pero en ninguna de las dos ha podido realizarse el trasplante. “Al principio tenía mucha ansiedad, estaba siempre pendiente del teléfono, pero ahora me centro más en sumar días porque he aprendido que en mi enfermedad el estrés no ayuda”, explica.
Fuente: www.elperiodico.com
