Desde los 28, este vecino y concejal de Oza Cesuras lleva tres trasplantes renales más otro de hígado. «Y mucho tiempo de hemodiálisis», apostilla

Nada tiene que ver la muleta y la pierna paralizada con lo que aquí va a contar Pepe Sánchez. Lo que ven es fruto de un incidente con su tractor, algo que podría dejarle alguna secuela leve sin importancia. Pero lo que este vecino y concejal de Oza Cesuras comparte hoy con La Voz no se aprecia a simple vista. Tiene 65 años. A los 28 sus riñones dimitieron y la vida de Pepe pasó a vincularse a una máquina en el hospital Santa Teresa, el actual Quirón. Aquello le pilló en el paro después de que cerrara el local de Culleredo donde había trabajado como camarero. Tenía mujer y dos hijos. Y su nueva ocupación fue la hemodiálisis, cuatro o cinco horas en días alternos y sin capacidad de generar ingresos para su familia. «Puedo decir que me jubilé a los 28», sentencia. Y desde entonces ha pasado por quirófano para recibir hasta tres riñones y un hígado, después de que el suyo acabara machacado por tanta medicación.

Pepe soñaba con tener su propio local de hostelería, pero sus riñones se hicieron pequeñitos, se secaron y no hubo más objetivo que mirar por su salud. Desde 1999 ha sido concejal de forma ininterrumpida con el Partido Popular. Hoy se encarga del departamento de Obras en el municipio fusionado.

Después de quedarse en paro, sufrió graves problemas de gota en un pie, que amanecía siempre enrojecido. La tensión se le disparaba, pero no fue a la consulta hasta que sufrió «un dolor de cabeza terrible». En el hospital le detectaron la grave deficiencia renal atribuida —y luego desmentida— a un supuesto consumo de plomo. Comenzaron siete meses de hemodiálisis cuando le llegó el primer trasplante en 1988. Aquel riñón le duró diez años. «Es común que con el tiempo dejen de funcionar, pero fueron diez años que me dieron mucha independencia», recuerda Pepe. En 1997 se abrió una nueva etapa de visitas al hospital, cuatro años ininterrumpidos esperando la compatibilidad con algún donante. «Me daba tiempo para leerme toda La Voz de Galicia del día. También escuchaba la radio, y algunas veces hasta me quedaba dormido», recuerda.

No hay rastro de fastidio en la voz de Pepe, si acaso una resignación bien asumida. «Yo siempre estaba con la ilusión de que me saldría un donante». Y una tarde del 2002 lo llamaron para que ingresara en el hospital. Le pusieron un nuevo riñón con el que convivió ocho años. Se le paró a principios del 2010. «Recuerdo que al día siguiente del gol de Iniesta en el Mundial tenía que ir a hemodiálisis». Y así otros cuatro años más, sin escapadas ni viajes para poder atender a la rutina de la máquina que le filtraba la sangre.

Un órgano al 90 %

Todo se fue complicando. Además del riñón, su hígado también desertó. En agosto del 2014 le sometieron a un doble trasplante. El hígado suplente respondió de maravilla, pero el riñón, en cambio, anunciaba rechazo. Es lo que tienen los multitrasplantados, cada vez es más complicado encontrar un órgano para una anatomía experta en generar anticuerpos. «Pero el doctor Fernández Rivera se implicó muchísimo, consiguió que el riñón funcionara al 90 %», agradece.

Es su récord y confía en no necesitar más operaciones. «He tenido una vida muy limitada, esto te cambia las costumbres, las comidas, no pude viajar mucho. La mili la hice en Córdoba cuando aún estaba sano, llegué allí blanquito y volví negro», ríe Pepe, que muestra unas profundas marcas en el brazo izquierdo, como dos remolinos hacia el cúbito y el radio. «Son las marcas de la hemodiálisis», dice. Actualmente consume diez pastillas al día y cuida mucho su alimentación, vigilada por su mujer y sus cuatro hijos. «El primer riñón era estupendo, pero creo que lo fastidié con los cubatas y comidas que no debía».

Constantino Fernández, nefrólogo del Chuac: «Tenemos que asumir más riesgos porque la vida de los pacientes es horrorosa»
El doctor Constantino Fernández Rivera (Fene, 1960) conoce muy bien el padecimiento del concejal de Oza Cesuras, al que atendió durante varios años. Hace tres años él y su equipo fueron reconocidos por su programa para rebajar la tasa de rechazos en pacientes como Pepe, con varios trasplantes encima.

—Haber sido trasplantado previamente, ¿es un problema añadido a la hora de encontrar un nuevo donante?

—Sí. Es el eterno problema de los nefrólogos: qué hacemos con un paciente al que el nuevo órgano no le funciona y vuelve a diálisis. Al haber sido trasplantado antes, el organismo hace una defensa con anticuerpos contra el nuevo riñón. Y si tienes una cantidad muy elevada de anticuerpos, no es fácil encontrar un nuevo órgano. De hecho, hay un programa nacional, el Pathi (plan nacional de acceso al trasplante renal para pacientes hiperinmunizados o hipersensibilizados), que se lleva desde la Organización Nacional del Trasplante. Así, cada donante que tenemos, uno de los dos riñones se va a ese programa para intentar solucionar ese problema de los pacientes con muchos anticuerpos porque pasan muchos años en lista de espera.

—¿Hay más casos como este?

—No es frecuente, pero tampoco es nada extraño. Llevamos hechos más de 50 trasplantes combinados hígado-riñón. Este fue el último que se hizo, y salió estupendamente. La posibilidad de encontrar un nuevo donante sin rechazo precoz es muy difícil. Fue un caso muy complicado.

—Una colección de trasplantes debe de repercutir mucho en la salud del paciente.

—Claro, no todo el mundo puede trasplantarse después de varias operaciones. A veces hay mucha fibrosis en las fosas renales, a veces no se puede acceder ni con las mejores técnicas.

—Fueron premiados en el 2023 por rebajar la tasa de rechazos hasta el 7 %.

—Cuando yo empecé en inmunosupresión esta era muy pobre. Pero el resultado actual es fruto de una evolución. Tenemos que asumir cada vez más riesgos porque la vida de los pacientes es horrorosa. El paciente es informado antes de entrar en estos berenjenales. Nosotros tenemos una cifra de corte de anticuerpo muy exigente. Otros programas en Europa o Estados Unidos que tienen una tasa de corte más laxa sufren más rechazos.

Fuente: La Voz de Galicia