La enfermedad renal crónica (ERC) afecta a 1 de cada 10 europeos y representa un problema de salud pública global. A lo largo de su progresión, los pacientes experimentan diversas complicaciones físicas y cardiovasculares, como atrofia muscular, hipertensión y diabetes, lo que aumenta el riesgo de mortalidad. Aunque los tratamientos convencionales incluyen medicación y diálisis, el ejercicio físico se ha convertido en una herramienta terapéutica no farmacológica con múltiples beneficios.

El ejercicio tiene un impacto positivo en la salud cardiovascular, reduciendo la presión arterial y mejorando la eficiencia del corazón. Además, ayuda a combatir la fatiga crónica, un síntoma que afecta al 95% de los pacientes con ERC y que limita su calidad de vida. La práctica regular de actividad física puede mejorar la función física, reducir la dependencia de medicamentos y aumentar la capacidad para realizar actividades diarias.

Cualquier tipo de ejercicio puede ser beneficioso, incluso actividades sencillas como caminar, ya que disminuyen la presión arterial y la frecuencia cardíaca en reposo. Sin embargo, si caminar no es una opción atractiva, se pueden realizar otras actividades como montar en bicicleta o utilizar una elíptica, siempre manteniendo una intensidad moderada. Para complementar estos beneficios, el entrenamiento de fuerza es esencial, ya que ayuda a prevenir la atrofia muscular y mejorar la funcionalidad del paciente. Se recomienda realizar ejercicios globales bajo supervisión profesional y con una intensidad controlada para evitar efectos adversos.

A pesar de sus múltiples beneficios, existen ciertas contraindicaciones que los pacientes deben tener en cuenta. No se recomienda realizar ejercicio cuando la presión arterial supere los 180/105 mmHg ni en casos de desequilibrio de fluidos y electrolitos, especialmente durante la diálisis. Asimismo, las personas con problemas óseos derivados de la ERC deben evitar actividades de alto impacto para prevenir fracturas y lesiones tendinosas.

El ejercicio también tiene efectos positivos en los biomarcadores sanguíneos. Tanto el entrenamiento aeróbico como el de fuerza pueden mejorar parámetros como la glucosa, hemoglobina, colesterol, triglicéridos, filtrado glomerular, creatinina y proteína C reactiva. No obstante, episodios de ejercicio muy intenso pueden aumentar temporalmente ciertos marcadores de daño oxidativo, como la creatinina, afectando la función renal.

Otro aspecto relevante es la relación entre la ERC y la fatiga. La enfermedad renal crónica puede provocar un estado de fatiga persistente debido a la inflamación crónica y la reducción de la capacidad pulmonar. La hipoxia o falta de oxígeno en los tejidos limita la capacidad de los pacientes para aumentar la ventilación durante el ejercicio, lo que afecta su rendimiento físico. Además, la inflamación crónica puede provocar insuficiencia cardíaca, aumentando la carga de trabajo del corazón y la rigidez arterial.

En etapas avanzadas de la ERC, los pacientes requieren diálisis, para lo cual es necesario crear una fístula arteriovenosa. En este contexto, el ejercicio puede desempeñar un papel clave tanto antes como después de la cirugía. Antes del procedimiento, el entrenamiento de fuerza, especialmente los ejercicios isométricos como apretar una pelota blanda repetidamente, puede aumentar el diámetro de la vena, facilitando la creación de la fístula. Después de la cirugía, el ejercicio supervisado puede mejorar la permeabilidad de la fístula y contribuir a mantener la funcionalidad del brazo afectado.

En conclusión, el ejercicio físico es una herramienta fundamental en el manejo de la enfermedad renal crónica. Su práctica regular no solo mejora la salud cardiovascular y muscular, sino que también ayuda a reducir la fatiga, optimizar los biomarcadores sanguíneos y preparar el cuerpo para procedimientos médicos como la diálisis. Sin embargo, para garantizar su seguridad y efectividad, es fundamental que los pacientes realicen actividad física bajo la supervisión de profesionales capacitados, adaptando la intensidad y el tipo de ejercicio a sus necesidades individuales.

 

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