ALCER nació en febrero de 1976, impulsada por la iniciativa y la determinación de un grupo de personas que, en un momento especialmente complejo para quienes convivían con la enfermedad renal, decidieron organizarse para dar respuesta a una necesidad urgente. En una época marcada por la falta de recursos, información y apoyo especializado, apostaron por construir una red de ayuda, acompañamiento y reivindicación.

Meses después, el 5 de mayo de 1976, la Dirección General de la Seguridad Social comunicó oficialmente la aprobación de sus estatutos. Aquel reconocimiento administrativo supuso la consolidación formal de un proyecto que ya había comenzado a tomar forma gracias al esfuerzo colectivo y al convencimiento de que era posible cambiar la realidad de miles de personas.

Así comenzó la historia de ALCER: con más ilusión que medios, con más corazón que presupuesto y con una voluntad firme de transformación social. Detrás de aquel nacimiento estuvo un grupo anónimo de personas que entendió que los cambios necesarios no llegarían por sí solos y que era imprescindible impulsar una respuesta organizada, comprometida y sostenida en el tiempo.

Cinco décadas después, aquella iniciativa se ha convertido en una organización de referencia que agrupa a asociaciones en todo el territorio nacional y trabaja para mejorar la calidad de vida de las personas con enfermedad renal y sus familias.